Bienvenidos a Centro Rosa Luxemburgo
La historia comienza el 13 de junio de 1948, con el suicidio de un hombre de mediana edad y su amante, quienes se lanzan a un canal de un suburbio tokiota atados el uno al otro mediante una cuerda. Tras estas primeras páginas, la narración da un salto al pasado para presentarnos a Yôzô Ooba, un niño afable de familia rica, ya que su padre es un político bien situado. El propio chiquillo explica que las payasadas con las que entretiene y se gana el cariño de quienes le rodean no son más que un caparazón para proteger su verdadera personalidad, una farsa gracias a la que puede seguir adelante, ya que en realidad es un ser apático con serios problemas de adaptación social.
Ooba, violado por los criados y las criadas de su familia, y cansado de huir de la admiración de sus familiares y conocidos, aprovecha la oferta de su padre para ingresar en un instituto de otra ciudad, alejándose en casa de unos parientes. Allí, sus miedos hacia la sociedad despertarán en él el deseo de experimentar el terror y, apoyado por Takeichi, un compañero de instituto que descubre su verdadero rostro, se animará a plasmarlo en cuadros. El suicidio de su único amigo, tras haber sido manipulado y humillado por Ooba, lo atormentará y se traducirá en apariciones del fallecido, a la vez que descubre que su arrolladora personalidad produce una gran atracción en las mujeres, seduciendo a sus dos primas y provocando una disputa de fatales consecuencias entre ellas. El acceso al bachillerato y su traslado a Tokyo se convertirán en una vía de escape de todos los desastres que había ocasionado, algo que se convertirá en una constante a lo largo de su vida.
En la capital, sus aversiones sociales, el pánico a la vida y las nuevas compañías lo llevarán a iniciarse en el consumo desenfrenado de alcohol y tabaco y a frecuentar casas de prostitución, en un desesperado intento por huir de sus problemas. Esta inercia lo llevará también a formar parte de un círculo marxista, de cuya ilegalidad disfrutaba aunque no se sintiera un miembro del mismo. A pesar de ello, la manipulación de sus compañeros y su creciente implicación lo acaban convirtiendo en uno de los líderes del movimiento, a costa del progresivo abandono de sus estudios.
Ooba seguirá consumando su personal descenso a los infiernos utilizando a mujeres para su propio beneficio, consumiéndolas como a un cigarrillo, apagando sus vidas lentamente e incluso induciéndolas al suicidio. Su lamentable existencia siempre se verá atormentada por los fantasmas de su pasado, la sombra de un padre avergonzado, la adicción a las drogas y la presión de sus fobias.
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La historia comienza el 13 de junio de 1948, con el suicidio de un hombre de mediana edad y su amante, quienes se lanzan a un canal de un suburbio tokiota atados el uno al otro mediante una cuerda. Tras estas primeras páginas, la narración da un salto al pasado para presentarnos a Yôzô Ooba, un niño afable de familia rica, ya que su padre es un político bien situado. El propio chiquillo explica que las payasadas con las que entretiene y se gana el cariño de quienes le rodean no son más que un caparazón para proteger su verdadera personalidad, una farsa gracias a la que puede seguir adelante, ya que en realidad es un ser apático con serios problemas de adaptación social.
Ooba, violado por los criados y las criadas de su familia, y cansado de huir de la admiración de sus familiares y conocidos, aprovecha la oferta de su padre para ingresar en un instituto de otra ciudad, alejándose en casa de unos parientes. Allí, sus miedos hacia la sociedad despertarán en él el deseo de experimentar el terror y, apoyado por Takeichi, un compañero de instituto que descubre su verdadero rostro, se animará a plasmarlo en cuadros. El suicidio de su único amigo, tras haber sido manipulado y humillado por Ooba, lo atormentará y se traducirá en apariciones del fallecido, a la vez que descubre que su arrolladora personalidad produce una gran atracción en las mujeres, seduciendo a sus dos primas y provocando una disputa de fatales consecuencias entre ellas. El acceso al bachillerato y su traslado a Tokyo se convertirán en una vía de escape de todos los desastres que había ocasionado, algo que se convertirá en una constante a lo largo de su vida.
En la capital, sus aversiones sociales, el pánico a la vida y las nuevas compañías lo llevarán a iniciarse en el consumo desenfrenado de alcohol y tabaco y a frecuentar casas de prostitución, en un desesperado intento por huir de sus problemas. Esta inercia lo llevará también a formar parte de un círculo marxista, de cuya ilegalidad disfrutaba aunque no se sintiera un miembro del mismo. A pesar de ello, la manipulación de sus compañeros y su creciente implicación lo acaban convirtiendo en uno de los líderes del movimiento, a costa del progresivo abandono de sus estudios.
Ooba seguirá consumando su personal descenso a los infiernos utilizando a mujeres para su propio beneficio, consumiéndolas como a un cigarrillo, apagando sus vidas lentamente e incluso induciéndolas al suicidio. Su lamentable existencia siempre se verá atormentada por los fantasmas de su pasado, la sombra de un padre avergonzado, la adicción a las drogas y la presión de sus fobias.