Bienvenidos a Centro Rosa Luxemburgo

    Debo confesar que este libro de Michel Nieva me dejó en un estado de perplejidad literaria tanto menos por el tratamiento narrativo de los cuentos, por demás notablemente novedoso, cuanto por la imposibilidad de acabar de elucidar su dimensión estética-política, si es que acaso, aunque provisoriamente, en algún momento tuve esa posibilidad. Si debiera segmentar, mal y pronto, su contenido, es un libro que reúne cinco cuentos, con excursus o metamundos que reanudan y modifican la historia relatada. Pero en el curso de la lectura ese tipo de búsqueda organizativa se vuelve si no una formalidad inocente -como casi toda primera instancia precomprensiva-, posiblemente una operación poco relevante. Tal vez porque pareciera haber un leit motiv, un deseo del significante de perseguir un tópico común en todos los cuentos que, a la vez que se constituye huidizamente a través del despliegue del lenguaje, insiste en homologarlos sobre la base de un eje vehiculizador, a saber: una suerte de gauchesca cyberpunk.

    El libro recupera e incorpora ese género y lo trastoca esquizofrénicamente. Pero en esa máquina esquizofrénica que relata los cuentos hay imbricado un tratamiento singularmente barroco que pone en evidencia el trabajo y el esfuerzo por implosionar el referente. En ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? consumir benereo tt y binodinal, drogas sintetizadas a partir de un jugo de mouse de computadora, puede crear performativamente nuevos mundos, metamundos y así ad infinitum, sin retorno a la desértica matriz de la realidad (¿diegética?). En ese periplo experimental está involucrado el lector que especularmente deviene narrador. Pero ese espejo también se fractura y el efecto de las drogas se hace extensible a varios lectores-narradores.


    SUEÑAN LOS GAUCHOIDES CON ÑANDÚES ELÉCTRICOS - MICHEL NIEVA

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    Debo confesar que este libro de Michel Nieva me dejó en un estado de perplejidad literaria tanto menos por el tratamiento narrativo de los cuentos, por demás notablemente novedoso, cuanto por la imposibilidad de acabar de elucidar su dimensión estética-política, si es que acaso, aunque provisoriamente, en algún momento tuve esa posibilidad. Si debiera segmentar, mal y pronto, su contenido, es un libro que reúne cinco cuentos, con excursus o metamundos que reanudan y modifican la historia relatada. Pero en el curso de la lectura ese tipo de búsqueda organizativa se vuelve si no una formalidad inocente -como casi toda primera instancia precomprensiva-, posiblemente una operación poco relevante. Tal vez porque pareciera haber un leit motiv, un deseo del significante de perseguir un tópico común en todos los cuentos que, a la vez que se constituye huidizamente a través del despliegue del lenguaje, insiste en homologarlos sobre la base de un eje vehiculizador, a saber: una suerte de gauchesca cyberpunk.

    El libro recupera e incorpora ese género y lo trastoca esquizofrénicamente. Pero en esa máquina esquizofrénica que relata los cuentos hay imbricado un tratamiento singularmente barroco que pone en evidencia el trabajo y el esfuerzo por implosionar el referente. En ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? consumir benereo tt y binodinal, drogas sintetizadas a partir de un jugo de mouse de computadora, puede crear performativamente nuevos mundos, metamundos y así ad infinitum, sin retorno a la desértica matriz de la realidad (¿diegética?). En ese periplo experimental está involucrado el lector que especularmente deviene narrador. Pero ese espejo también se fractura y el efecto de las drogas se hace extensible a varios lectores-narradores.


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